miércoles, 24 de julio de 2013

lo mejor de los países sin estaciones es que puede ser otoño cualquier día

Foto: G. Winogrand

hay un hotel cerca de mi academia.
me gusta mirarlo.
completamente blanco
con grandes ventanas como ojos.

doce habitaciones en cada una de sus once plantas.
132 historias que podrían suceder al mismo tiempo.

siempre quise vivir de hotel en hotel
como una especie de estrella desconocida
o escritora con seudónimo
que se encierra en habitaciones sencillas
para fumar y escribir.

otro de mis sueños pendientes es perderme
en algún lugar un par de meses
sola
con muchos libros.
no pensar en nada más.

no sé porque nunca lo hago.
pero ahora cuesta parar

con esta fuerza bruta que me arrastra
a dar cuerda a todos los relojes.
con hambre de noches sin dormir
y madrugadas hablando de la vida que nos espera
y las tormentas que nos dejaron temblando

pero a las que sobrevivimos.



viernes, 5 de julio de 2013

ya no soy más pequeña que los protegonistas de las películas que me gustan


fui a la universidad en una ciudad pequeña.
había cines pequeños, con salas pequeñas, que no siempre se llenaban.

salir del cine casi siempre tiene algo de empuje bruto.
de encender un cigarro y que suenen canciones por la calle.
de casualidades que están a punto de pasar,
de sentirte extraordinaria caminando tranquila.
sola.
sin golpe de claqueta ni nada.

high fidelity es una película necesaria.
hoy sólo digo esto.