
la lavadora centrifuga.
Tengo esa costumbre:
tiendo la ropa de madrugada.
Hace unos días,
cuando la tormenta iluminaba Madrid,
la gente corría por la calle
y gritaba, y después se reía a carcajadas.
Tuvieron que desmontar las terrazas a toda velocidad.
Yo leía a Pizarnik
y un bebé bonito dormía en mi habitación.
A veces hablo sin parar y no me atiendo.
Otras estoy demasiado ocupada en atenderme
y ni siquiera alzo la voz.
a estas horas me hago muchas preguntas.
Preguntas tontas.
¿qué estaba haciendo una noche como ésta hace cinco años?
¿cuántas personas con insomnio viven en mi bloque?
¿algún día tendré coche? ¿será rojo?
¿habrá nacido algún niño con ojos azules en esta casa?
¿tendré hijos pelirrojos?
...
estoy muy dispersa. En general.
A veces siento que llevo la cabeza de otro.
Pero jamás he perdido las llaves de mi casa.
Sólo una vez dormí en la calle y no fue por eso.
Tampoco me han robado.
Ni he salvado la vida de nadie.
No tengo grandes historias.
No puedo contar que una vez me caí de un cuarto piso, como ella.
Pero sí. María salió sin un rasguño, a pesar de la caída,
y del susto.