
F. me hizo reflexionar una vez más
acerca de los hilos invisibles que nos unen.
Me gusta pensar que estamos conectadas
con algún sistema sencillo y transparente,
que atraviesa el aire,
y gana el pulso a los kilómetros.
Me pasa con mis buenos amigos.
Ese sistema de hilos invisibles
nos amarran con fuerza cuando tropezamos,
y también nos avisan de hasta donde podemos llegar
para no hacernos daño.
Hablando de amigos,
y de hilos,
y de uniones,
me contaba F. de su amiga Pati,
“la asturiana que pinta más en Extremadura que en Oviedo”,
eso me dijo, seguramente sonriendo.
Me dijo además,
que esa amiga suya a veces me lee,
y es extraño,
siempre es extraño (y mágico) que te lean.
Así que le dejo un beso
para que lo recoja la próxima vez que pase por aquí.
Yo le conté a F.
que unos hilos especiales me unen con Clara.
Quizá por eso conozco y comprendo sin problemas
su código secreto de palabras,
y ella conoce y comprende sin problemas
mi código secreto de latidos.
Le conté a F. el regalito rojo que me hizo llegar
y la sonrisa que me colgó en la cara.
...
Y es que a todos nos gusta que nos cuiden, ¿no?
Benditos hilos...









